En esta ocasión el coche lo dejamos en Sajambre, y empezamos a andar al amanecer, y recuerdo que al poco de empezar a andar vi a un ciervo a escasos metros, fue precioso.
Camino de Vegabaño, el bosque de hayas en otoño, qué decir, las fotos lo expresan todo mejor que yo.
Ya abandonamos el bosque, aunque nos costó porque dimos un rodeo innecesario pero realmente gratificante.
Y tras abandonar definitivamente el bosque, vemos nuestro destino, aunque aún falta un trecho para llegar a él.
La aproximación a esta montaña es realmente guapa y uno no puede menos que echar la vista atrás de vez en cuando.
Tras un larga y penosa subida por la Canal del Perro, llegamos al Collado del Burro y las vistas son estas, todas las subidas tienen recompensa, pero esta me parece doble.
Y desde la cumbre, enfrente tenemos Vegabaño y toda la zona de Sajambre, y detrás la impresionante Peña Santa.
Ya desdecendiendo, tenemos espectadores en palco privado.
El otoño ya se deja sentir, y los colores se mezclan perfecta y armonicamente.
El roble de Vegabaño y mi amigo Meles
Yo tampoco me resistí a abrazarlo, su cicatriz es más grande que yo.
En este prado fue donde por la mañana vimos al ciervo.













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